La SGAE vuelve atacar, esta vez por unos trailers... Menudos sinvergüenzas

Lo de la SGAE no tiene nombre. No hace ni tres meses que se destapo toda su trama corrupta, (cosa que ya sabíamos nosotros desde hace años) y siguen a la carga intentando cobrar ahora por unos trailers que solo querían conseguir financiación. Sinvergüenzas, ese es su nombre, aunque bueno tendría uno mas pero ese ya es más fuerte.

Esta noticia previene de la pagina Tu Blog de Cine, de la cual haremos honor a su noticia poniendo exactamente lo que ellos han destapado en su blog. Aquí la tenéis:




La última…. y parece gorda.

Y es que el afán recaudatorio de esta asociación/organización no tiene límite, y como siga el tema así nos van a empezar a cobrar por respirar en las salas de cine.

En esta ocasión, la SGAE ha tenido la poca vergüenza de dirigirse por escrito mediante una carta a los organizadores del Festival Internacional de Cine de Sax Alicante en la que pide 52,39 euros por la emisión de tres cortos en la edición que se celebró el pasado verano.

Sin embargo, los responsables del evento han confirmado que no se trataba de cortos como tales, sino que eran meros tráilers sin ningún ánimo comercial con el fin de dar a conocer tres películas en pleno rodaje.

El importe no es significativo, si bien el motivo parece haber sido suficiente como para que la entidad decida ejerce toda su labor coercitiva para cobrar derechos de autor al festival por la exhibición.

Para colmo de males resulta que los trés títulos realizados con muy bajo coste, y la emisión de alguna de estas obras se hizo ni siquiera con el fin de avanzar la película sino para captar nuevos inversores mostrando su progreso. Es el caso de ‘Operasiones Especiales’, donde su director Paco Soto ha conseguido 650 donaciones de particulares para financiar el proyecto.

Las otras obras en discordia también supusieron una petición de 14,8 euros por proyección. Éstas son ‘Orson West’ y ‘Novelda Japón 0 euros’, que tratan sobre el cineasta Orson Welles y sobre un viaje al país nipón a modo de documental respectivamente.

Otro despropósito más que añadir a una lista innumerables abusos como utilizar inspectores disfrazados de invitados que se colaban en celebraciones privadas para descubrir si se bailaba al ritmo de las canciones protegidas, y grabaron la celebración en vídeo, ilegalmente.

Otras veces, en lugar de emplear a un detective, empleaban a un familiar de uno de los novios, para que grabara la ceremonia y después poder pasarle la factura.

Otro de los capítulos de sus afamados escándalos fueron sus ‘asaltos’ a particulares reclamándoles pagos. Sus responsables cobran a las residencias de ancianos por tener la televisión encendida, a las peluquerías por escuchar la radio, a las carnicerías y tiendas de ropa.

Histórica ha sido la batalla de Padawan, la tienda de informática a la que la SGAE le obligó a pagar el gravamen por el canon digital.

Todo un cúmulo de despropósitos. Otra muestra más de cómo se las gasta esta asociación, y una prueba más que deja bien claro que la Sociedad General de Autores y Editores no se detiene ante nada, ni ante nadie en su afán recaudatorio.

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